Marta Alimenta

Reflexión ante una comida casera

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5 COSAS QUE HAS NORMALIZADO Y NO DEBERÍAS

noviembre 3, 2026

Hay cosas que se han vuelto tan habituales que pensamos que son normales. Aquí te dejo algunas de ellas: 

  • Sentir culpa al comer algunos alimentos

Alimentarse es una necesidad biológica y un componente cultural de nuestra vida que también nos lleva al disfrute. 

La culpa con la comida altera profundamente nuestra relación con el propio cuerpo y la salud mental. 

Tener buenos hábitos alimentarios implica alimentarse de manera nutritiva en el día a día y disfrutar de aquello que nos apetezca sin categorizarlo como bueno o malo. 

  • Restringir para compensar comidas

Cuando el cuerpo experimenta restricciones intermitentes, aprende a economizar para protegerse. Reduce el gasto energético basal y dificulta que el organismo gestiones la energía de manera eficiente. 

Además, saltarse comidas altera los niveles de glucosa en sangre, provocando fatiga, irritabilidad y hambre voraz muy difícil de controlar. 

El cerebro humano si detecta que falta energía, activa hormonas como la ghrelina (la hormona del hambre) y reduce la leptina (la de la saciedad) con el único objetivo de hacer que busques alimentos muy calóricos para sobrevivir.

  • Pensar todo el día en comida y calorías

La preocupación por la comida es una señal de que la relación con la comida o con el propio cuerpo no es el adecuado. Además, no genera un estado de hipervigilancia donde el cerebro interpreta que la comida es un “peligro” o un “premio”, elevando de esta manera los niveles de ansiedad y aumentando la probabilidad de sufrir un atracón por impulso.

  • Tener malas digestiones y sentirse hinchada todo el día 

Las digestiones pesadas o la distensión abdominal son síntomas de que el aparato digestivo no está trabajando como debería para digerir y absorber alimentos de manera eficiente. 

Muchas veces puede ir asociado a una alimentación poco nutritiva, alteraciones intestinales o problemas estomacales. 

  • Pasar hambre y comer con ansiedad

Cuando pasas hambre de forma prolongada o restrictiva, el cuerpo interpreta que estás en medio de una hambruna, alterando drásticamente el equilibrio de las hormonas metabólicas (ghrelina y leptina). 

La ghrelina se incrementa considerablemente y viaja al hipotálamo para enviar una señal inequívoca: necesitas comer ya. Además, esta hormona reduce el gasto energético y aumenta la percepción placentera de los alimentos densos en calorías.

Y la leptina al pasar hambre, cae en picado. Sin leptina, el cerebro no recibe la señal de «freno», lo que anula por completo la sensación de saciedad incluso después de haber ingerido una cantidad considerable de comida.

Un cerebro hambriento y ansioso experimenta una sensibilidad extrema a la dopamina cuando ve alimentos ricos en grasas y azúcares simples. El cerebro busca un chute rápido de energía para calmar el malestar emocional de la ansiedad y la urgencia del hambre, lo que induce una ingesta voraz y descontrolada.

La alimentación no debería convertirse en una fuente de culpa, ansiedad o preocupación. 

En el día a día a veces se normalizan actitudes en torno a la comida que no deberían; presta atención a estas señales y si alguna te suena, trata de reconducir tu relación con la comida.

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